"Matar a los padres"

Muchos westerns, películas de acción y, en general, muchas narraciones épicas terminan con una escena similar: un duelo. Un reto final donde, después de innumerables lances y aventuras, el héroe y el villano se enfrentan a vida o muerte. Uno de ellos debe necesariamente morir. Y, naturalmente, el bueno mata al malo. Así concluyen la película y su moraleja.... Exactamente como sucede -o debería suceder- en esa otra gran epopeya humana que es nuestro crecimiento personal. Una odisea cuyo único final posible es también un desafío. La lucha a vida o muerte... contra los padres maltratadores.

¿Que significa "matar" a los padres? Significa destetarnos para siempre de ellos. Renunciar a todo esfuerzo por mendigar su amor imposible. Abandonar cualquier esperanza de ser queridos... Significa despertarnos del sueño de que aún nos quieren o que algún día cambiarán. Arrancárnoslos del corazón como nos extraeríamos un aguijón venenoso. Afrontar el miedo, la culpa y el desamparo de nuestra orfandad secreta... Significa, en fin, soportar la soledad suprema de los héroes... y seguir adelante sin volver la cabeza. Como hacen los héroes. (1)

Es imposible, en efecto, madurar sin confrontarnos, tarde o temprano, con la familia. No importa cuántas terapias hagas si, en última instancia, no asumes tu duelo final. Si no tienes las agallas de "matar" a tus padres. Pero, si no lo haces, no te extrañe entonces que la película de tu vida se prolongue dolorosa e interminablemente... Se eternizará. ¡Y no podrás abandonar tu butaca! Tu insoportable historia seguirá y seguirá y seguirá y seguirá... Y la única forma de acabar con ella será protagonizar, de una vez por todas, tu desgradable escena final. Y acabar con los malvados. 

O sea que, en el fondo, el verdadero enemigo del héroe no son sus padres maltratadores, sino sus propios miedos. Sus apegos infantiles. Sus locas esperanzas. Sus sentimientos de culpa... Todos esos fantasmas que nos hacen sufrir tanto por dentro y acusar de ello a todas las personas lo bastante cercanas (p. e.j., nuestras parejas, hijos, jefes, rivales...) como para excitar nuestras emociones ocultas respecto a los padres tóxicos. Por eso hay que destruir (en nuestro corazón) a los malos originales. Por eso hay que desconectar el motor principal  de nuestras desdichas... Si lo logramos, la película de nuestro pasado comenzará a cerrarse con un prometedor THE END.
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1. Obviamente, "matar" a los padres no equivale necesariamente a desentendernos moral o legalmente de ellos.

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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