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16 Septiembre 2014

"¿Me curaré, José Luis?"

Los pacientes sin remedio
Por JOSÉ LUIS CANO GIL
A veces, ya en la primera o segunda sesión, algunas personas me preguntan: "¿Tiene cura lo mío, José Luis?". Siempre me quedo perplejo pues, además de que aún no conozco bien al sujeto, la respuesta no es fácil. Si le digo "sí", le estoy prometiendo algo a ciegas, creándole expectativas y sembrando un posible efecto placebo, de modo que, si luego no mejora, le habré causado un trauma de fracaso. Si le digo "no", también le engaño, ayudo a reforzar su mal y lo condeno a la desesperación. Si le digo "no lo sé" puedo parecer inexperto y dañar su indispensable confianza en mí y en la terapia... Y, diga lo que diga, parezco asumir -muy erróneamente- que el consultante sufre algún tipo de enfermedad que puede "curarse" o no. ¿Qué responderle entonces? Suelo decirle algo como "bueno, sólo lo sabremos si trabajamos a fondo". Desgraciadamente, la experiencia enseña que sí hay pacientes "incurables". Más exactamente, neuróticos sin remedio. ¿Por qué? Para entenderlo, debemos conocer muy bien la naturaleza misma de la neurosis.

En medicina, llamamos enfermedad a cualquier alteración orgánica debida a causas hereditarias, infecciosas, traumáticas, ambientales, degenerativas o incluso psicosomáticas. Una terapia médica puede, así, aliviar o suprimir parcial o totalmente dicha alteración. En Psicodinámica las cosas son diferentes. Pese a la fortísima  presión actual de la psiquiatría biológica, el DSM, etc., que considera "patológicos" casi todos los aspectos psicoconductuales humanos que duelen o no queremos aceptar, toda neurosis no es más que sufrimiento intenso. Un neurótico es una persona que, para defenderse de ese dolor, ha desarrollado un determinado conjunto de defensas psíquicas, síntomas, hábitos, modos de sentir, pensar y actuar, todo ello organizado en un cierto tipo de personalidad. La neurosis no es, por tanto, ninguna patología, sino sólo una forma de ser. No hay nada enfermo, ni curable ni incurable, en ella. Sólo puede ser más o menos incómoda, dolorosa, problemática, tanto para el sujeto mismo como para su entorno social. Lo único que el sujeto puede intentar, con o sin ayuda psicoterapéutica, es comprender las causas principales de su sufrimiento (p.ej., desamor, represiones, conflictos, confusiones...) y, en la medida de lo posible, solucionarlas.

Cuando un consultante se sienta ante mí, yo no veo a ningún trastornado, sino más bien a un... guerrero.  A este guerrero le aprieta y le duele su armadura, desea que le ayude a aliviar su dolor, etc.; pero... ¿se atreverá a quitarse la armadura para que podamos examinar sus heridas? Muchas personas sienten mucho miedo, y también una enorme "pereza" (es decir, falta de deseo) para hacerlo, pues llevan toda la vida aferradas a las seguridades y otras ventajas que, además del dolor, también les ofrecen sus corazas. Pese a todo el afecto y paciencia del terapeuta, pueden pasar muchos meses -o incluso años- sin que tales personas se animen a desprenderse de sólo alguna parte de sus blindajes. ¿Cómo podrá ocurrir, entonces, cualquier avance terapéutico? Dicho de otro modo, aunque estos neuróticos piensan que quieren mejorar, en realidad se niegan con todas sus fuerzas a hacerlo. Por eso, casi inaccesibles a cualquier terapia, parecen "sin remedio".

El guerrero acorazado puede ser de muchos tipos. He aquí, por ejemplo, algunos de los que he ido hallando en mi trabajo:   

  • FANTASIOSO. Este soldado, que esconde terribles heridas y tiene un corazón muy infantil, sueña que el terapeuta posee alguna sabiduría o poder "mágico" que salvará su vida. Pese a todos los esfuerzos del terapeuta, casi nunca llega a despertar, a descubrir que nadie puede salvarlo maternalmente, y que sólo le cabe afrontar poco a poco sus tremendas verdades interiores. ¡Sólo así podrá salvarse a sí mismo! Pero no quiere hacerlo y, finalmente decepcionado, deja la terapia.
     
  • SOLITARIO. Este cliente también dice que quiere mejorar, pero secretamente sólo busca calor, charla, desahogo, el cómodo afecto "de pago" de un terapeuta. Surge así una larga y vana "terapia de café", en la que el consultante se niega sistemáticamente a afrontar, profundizar o decidir respecto a cualquiera de sus problemas. De hecho, no hace el menor esfuerzo al respecto. Si encuentra una pareja amorosa, puede dejar la pseudoterapia.
     
  • DESCONFIADO. ¡Éste sí es un auténtico luchador! Tiene expectativas mágicas como el fantasioso pero, en vez de vincularse, desconfía o desprecia al terapeuta (y a la psicología en general, etc.), es litigante, arrogante, agresivo... Cada sesión puede ser un verdadero conflicto, y el paso del tiempo no mejora la situación. ¿Cómo crecerá alguien que, en el fondo, teme o rechaza a su ayudador? La terapia suele naufragar.  
     
  • IMPOSTOR. Finge que hace terapia, se vincula, incluso realiza algunos pequeños avances... pero sólo para no tener que ir más allá. Se engaña muy sutilmente a sí mismo y al terapeuta, intenta controlar y dirigir la terapia, la utiliza veladamente para perpetuar su estancamiento... El juego dura hasta que resulta tan obvio que el terapeuta se niega a seguir participando en él. Entonces el impostor, desenmascarado, prefiere abandonar.
     
  • etcétera.

¿Qué tienen en común estos casos "imposibles" (y sus distintas combinaciones)? Evidentemente, sus blindajes, sus impenetrables armaduras. Es decir, su narcisismo. Cuanto más profundo y antiguo es tal narcisismo, menos capacitado está cualquier neurótico no ya para la psicoterapia, sino para las relaciones humanas en general. Ésta es, pues, la secreta tragedia del paciente sin remedio. No es que sufra alguna patología incurable, etc., sino que bajo ninguna circunstancia y en ningún plazo (meses, años) está dispuesto a desprenderse de las egocéntricas defensas de su personalidad. Habida cuenta que estas defensas suelen ser proporcionales a las dolorosísismas heridas sufridas en la infancia, llegamos así a una desalentadora -aunque obvia- conclusión: cuanto mayor fue el desamor infantil, tanto más ineficaz puede resultar cualquier psicoterapia.

Naturalmente, también hay muchísimas personas que sólo sufren resistencias débiles o transitorias, o sólo con ciertos terapeutas (p. ej., por errores o incompetencia de éstos) o métodos terapéuticos (p. ej., psicodinámicos pero no cognitivo-conductuales, etc.). En estos casos, las resistencias del sujeto son perfectamente normales y superables.

Para saber más:
¿Qué es psicoterapia?
El narcisismo
Vivir sin armadura

Cielo e infiernoLa memoria del trauma
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5 comentarios
ComentarÚltimo Comentario
 RAC  22/Junio/2016 13:54
"Cuanto mayor fue el desamor infantil, tanto menos útil puede ser cualquier psicoterapia".....He sentido escalofríos al leer esta frase y miedo, mucho miedo. Pensando en los 9 meses de terapia psicoanalítica creo q no he omitido nada (al menos de lo q recuerdo, q creo q es mucho) tanto de mis vivencias reales como las oníricas (y mira q algunos sueños de contenido sexual m daban pudor hablarlo, pero lo he hecho)....sin embargo, el ser más consciente de las miserias de mi infancia no ha disminuído mi profunda tristeza, quizás sí ha disminuído algo la ansiedad...y claro, el leer este post me hace cuestionarme si no seré uno de esos casos "incurables".
Un saludo   Resp.
 JLC  23/Junio/2016 12:23
(A RAC) Cuéntale eso mismo a tu terapeuta, no sea que no seas tú el "incurable", sino que la técnica o el terapeuta no sean los más apropiados para ti... A veces hay que cuestionar o replantear la eficacia de la terapia misma... ¡Ánimo!   Resp.
 RAC  23/Junio/2016 13:57
Gracias por contestar. Hace como un mes se lo pregunté y m dijo q sí q echaba en falta q no estuviera un poco más fuerte, pero q la duración de este calvario era directamente proporcional a los traumas infantiles q arrastro. Tb m dijo q si hubiera optado por otra terapia, tipo cognitiva conductual probablemente ya me encontraría mejor y q incluso estaría trabajando...pero q la raíz del problema (padres disfuncionales y el daño causado en la infancia y adolescencia) no se trataría, y por tanto, no dejaría de ser un parche a heridas aún no cicatrizadas.
Por otro lado, intuyo q en algunas sesiones (los días de mayor ansiedad), no era todo terapia psicoanalítica, sino una mezcla de psicoterapias, cosa q valoro como positivo. En resúmen, tengo plena confianza en mi terapeuta y m parece un tipo honesto, pero claro, el miedo es el miedo, el tiempo pasa....al final va a ser verdad eso de q los médicos no somos los mejores pacientes..
Por último, m gustaría preguntarle q diferencia hay entre una terapia psicoanalítica y una psicodinámica.
Muchas gracias   Resp.
 JLC  23/Junio/2016 20:38
(A RAC) En esta ocasión, Rac, ya tengo que remitirte a tu terapeuta... :) Un saludo.   Resp.
 RAC  23/Junio/2016 20:55
(A JLC) Lo entiendo, muchas gracias.
Un saludo   Resp.
 

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