¡No te excedas!

¿Por qué todo sale siempre al revés de nuestros afanes? ¿Por qué cuanto más nos empeñamos en algo, más obtenemos los efectos contrarios? Muy sencillo: por la misma razón que no puedes pescar removiendo a grandes voces el agua. Tu propia agitación ahuyentará a los peces. Igualmente, cuanto más forzamos las cosas desde nuestro rígido y tozudo egocentrismo, peor. Antes las destruiremos.

Dice el capítulo 9 del Tao Te King:

La espada que afilamos continuamente
no conservará mucho tiempo su hoja.

Es decir...

Cuando apuestas continuamente en el casino, finalmente te arruinarás. 
Cuando eres duro con tu hijo para hacerlo sumiso, obtienes un rebelde. 
Cuando te empeñas en poseer a tu amado/a, sólo consigues su rechazo.
Cuando sigues a rajatabla una dieta, acabas enfermando.
Cuando te obsesionas por la libertad, te conviertes en dictador. 
Cuando quieres lujos sin límites, generas miseria en el mundo.  
Cuando luchas contra tu neurosis, la empeoras.
Cuando te empeñas en sentirte seguro para vivir más feliz, ni eres feliz, y ni siquiera vives.
Cuando tu pasión es el placer, terminas asqueado de todo.
Cuando sólo piensas en ti, la soledad te devora...

Etcétera.

O sea que, ¿cómo podemos mejorar realmente las cosas? Paradójicamente, interfiriendo lo menos posible en ellas. Es decir, respetándolas, comprendiéndolas, asumiéndolas al máximo. Después de todo, como también señaló Lao Tsé:

Quien pretende el gobierno del mundo y transformarlo,
se encamina al fracaso.
El mundo es un vaso espiritual
que no se puede manipular.
Quien lo manipula lo empeora,
quien lo tiene lo pierde.
(...)
Por eso el sabio rechaza lo demasiado,
evita los extremos,
descarta todo exceso.

Tao Te King, 29

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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