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José Luis Cano
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01  de Junio de 2013   

"Violencia de género": un mito político
Por JOSÉ LUIS CANO GIL

Revisión: Febrero, 2014

Una de las locuras más terribles de nuestro tiempo es, sin duda, la pretendida "lucha contra la violencia de género". Una obsesión ideológica cuyo mero enunciado ya predice su fracaso. Obviamente, no se puede luchar contra nada, y menos aún contra cualquier tipo de violencia, desde ofensivas institucionales incapaces de comprender sus causas profundas. Tal afán antiviolento sólo podrá embestir a ciegas, como elefante en cacharrería, generando así más daños (p. ej., toda clase de abusos e  injusticias)  de los que resolverá, y cronificando, o quién sabe si incluso agravando, la "violencia de género" que tanto quiere erradicar. Veamos seguidamente algunas falsedades e incongruencias de esta "lucha", que no es, en la práctica, sino una caza de brujas -una venganza feminista- contra los varones.

1. El propio nombre de esta política, "lucha contra la violencia de género", por eufemístico, ya es inadecuado, pues todos sabemos que se trata en realidad de una guerra exclusiva -y excluyente- contra la violencia masculina hacia las mujeres.  Si dicha política fuese realmente honesta, se la llamaría simplemente violencia doméstica, con independencia de su tipo (físico o emocional) y de sus víctimas (mujeres, hombres, niños, otros familiares). De modo que dicha política resulta ya, de entrada, parcial, dogmática y antidemocrática.

2. Esta singular filosofía mete en el mismo saco a violencias de muy distinta naturaleza. Por ejemplo, no es lo mismo el trato humillante que reciben las mujeres en ciertos colectivos a causa de valores culturales realmente machistas (p. ej., marginación, represión, abuso sexual generalizado), que las acciones violentas surgidas de relaciones emocionales tormentosas y, a menudo, claramente patológicas. Confundirlo todo y atribuirle una supuesta causa universal, el "machismo", es alienación totalitaria. 

3. Cualquiera que ande por la vida sin anteojeras ideológicas sabe muy bien que las mujeres son, al menos, tan agresivas como los hombres. ¡No hay más que ver esos programas-basura de la televisión! Puede que no lleguen a la brutalidad física con la misma frecuencia y gravedad que algunos varones, pero en el secreto de los hogares millones de mujeres gritan, ofenden, humillan, atacan, chantajean, manipulan y castigan de mil maneras a sus parejas (y/o sus hijos u otros familiares), todos los días. A veces matan o intentan matar. Y muchas de ellas se aprovechan de la condescendencia social y legal al respecto que, de momento, disfrutan. 

4. Todos los profesionales de la salud mental y social sabemos que, en nuestro mundo actual, la mayoría de acciones violentas -de cualquier sexo- son un claro síntoma de relaciones psicosociales trastornadas. Por eso, por ejemplo, las agresiones suelen ser recíprocas,  víctimas y verdugos no suelen separarse fácilmente, las patologías emocionales son frecuentes, etc. La única prevención y remedio contra todo ello no es, entonces, la inquisición política, sino la asistencia social y la psicoterapia.

5. La psicodinámica del ardor contra la "violencia de género" no parece difícil de dilucidar, a la vista de cualquier debate sobre el tema en internet o la televisión. Sea cual sea el nivel psicológico, intelectual y profesional de las personas que debaten (generalmente mujeres), casi siempre observamos en sus actitudes y argumentos enormes cantidades de furia, de resentimiento, de radicalismo. ¿Les preocupa de verdad, entonces, el problema de la violencia doméstica social, o sólo están proyectando sus propios fantasmas personales? Para mí, la respuesta es obvia e invalida automáticamente a estas personas para ocupar cargos de responsabilidad en estos asuntos.

Pero siguiendo este hilo, ¿por qué tantas mujeres parecen odiar, tener conflictos íntimos con los varones?  Sin duda alguna, cada una tendrá desgraciadamente sus propios motivos. El problema es, sin embargo,  que si cualquier neurótico no es consciente de sus heridas, sino que sólo intenta aliviar éstas mediante acciones sociales, etc., entonces, lejos de aportar cualquier ayuda, sólo se convertirá en un problema adicional. Y todos sus "argumentos" no serán sino excusas.

6. Un resultado inevitable de todo lo anterior es que va calando en la sociedad el mensaje consciente e inconsciente de que "los hombres son malos o, al menos, sospechosos por defecto. Las mujeres son inocentes por defecto y, en cualquier caso, potencialmente mejores que ellos". Evidentemente, no hay en tales prejuicios el menor atisbo de lucidez, humanidad, afecto, igualdad, justicia. Por eso estos mensajes, alentando la muy destructiva -y antigua- guerra de sexos, sólo contribuirán a deteriorar o impedir todo lo bueno (amor, amistad, familia, placer, complicidad) que hombres y mujeres sí pueden darse.

Conclusiones

Por todo lo anterior, creo que la "lucha contra la violencia de género", muy lejos de constituir alguna solución para nada, forma parte de la misma estructura de violencias sociales visibles e invisibles que, ya desde la infancia, neurotizan y destruyen a los seres humanos. Por supuesto que hay que solucionar y, mejor aún, prevenir cualquier tipo de violencia. Pero sin un mínimo de honestidad e "higiene psíquica", nada cambiará y millones de hombres y mujeres seguirán odiándose. Las familias seguirán desintegrándose y, con ellas, sus hijos. La neurosis social arreciará. Etcétera. Como descubrió Alice Miller, la única forma de poner fin a cualquier forma de violencia es concienciar y curar las heridas que todos -¡todos!-, y más aún las militantes contra la violencia ajena, llevamos en el corazón.

Temas relacionados:
- La mujer maltratadora, José Luis Cano
- La ciencia desenmascara el feminismo radical, Gerahrd Amendt
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