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La soledad del maltratado psicológico

No hay soledad mayor que la del maltratado psicológico.

Actualmente hay mucha conciencia social contra el maltrato físico en general (infantil, mujeres, ciudadanos), pero ¿qué sucede con los adultos que siguen sufriendo durante décadas las secuelas psicológicas de sus maltratos infantiles de cualquier tipo? ¿Qué pasa con los que siguen siendo emocionalmente maltratados por sus parientes o por la sociedad, de modo que nunca se recuperan de sus heridas? ¿Qué ocurre con los que sufren la forma más extendida de maltrato íntimo, que son los "trastornos" psicológicos? Del maltrato emocional nadie sabe nada. Nadie escucha ni quiere saber. Sólo hay silencio. Y la razón de ello nos la dió Alice Miller: todos callan porque todos han sido igualmente humillados.

El maltratado psicológico es inmediatamente neutralizado: "¿De qué te quejas? Todo va bien, tu familia te quiere". Otras familias no lo niegan, pero quitan importancia a los hechos, o se niegan a escuchar y consolar a la víctima, o incluso la animan a "comprender" y "perdonar" a sus verdugos. (¡Incluso muchos psicólogos lo hacen!). Algunos maltratados, cuando descubren a Alice Miller, conciben algunas esperanzas, pero... ¿dónde hallar un terapeuta milleriano? O al menos no "antimilleriano". Esta búsqueda puede ser otro calvario.

Los afortunados que logran encontrarlo, suelen sentirse por desgracia igual o incluso más solos que antes. A menudo, cuando comienzan a mejorar, chocan frontalmente con las reticencias y rechazos de sus familias, que incluso los animan o presionan para abandonar la terapia. ¡Los verdugos sienten en peligro su poder! El paciente, pese a lo mucho que sufre, necesita mucho coraje y tenacidad para resistir esta pugna secreta. ¿A quién deberá hacer más caso? ¿A la familia? ¿Al terapeuta? ¿Al psiquiatra...? Sólo el tiempo le irá dando las respuestas. Por otro lado, a medida que crece, sus viejas amistades ya no le parecen como antes, de modo que necesita renovar sus relaciones y actividades... Son muchos cambios. Quien lo ha vivido, lo sabe.

Afortunadamente, tras este largo y a veces duro viaje, el sujeto puede al fin, pese a todas sus soledades, vivir su propia vida.

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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