De mandonas y calzonazos

Todos conocemos esas relaciones donde manda la mujer y quien obedece siempre es el hombre. (Es un perfil equivalente al contrario: el machista perverso y la mujer sin autoestima). Muchas veces parece exteriormente que no es así, que se trata de una relación amorosa, cordial, etc. Pero sabemos que en la intimidad la mujer domina en todos los sentidos -incluso tiránicamente- al varón, y que el hombre se somete mansamente a ella por miedo o a cambio de un poco de cariño o sexo. Es una situación muy frecuente y asimilada socialmente que incluso solemos tomarnos con humor... Llamamos a estas mujeres mandonas, "de carácter", etc.; y a sus maridos bragazas, calzonazos y otros calificativos semejantes.

Las mandonas son mujeres terriblemente narcisistas para quienes "amar" consiste en dominar egocéntricamente su entorno. Cualquier cosa ajena a su poder les causa ira o ansiedad, o no les interesa en absoluto. Desprecian secretamente a los hombres, a quienes utilizan/explotan como meros proveedores de adoración, dinero, cuidados prácticos, hijos, estatus social, etc. Tratan a sus maridos como a "niños" (con lo que fomentan su inmadurez) o como a "idiotas" (potenciando así sus castraciones). Y sus hijos/as no escaparán, naturalmente, de estos abusos.

Los calzonazos son, a su vez, hombres débiles que sufrieron madres frías y/o dominantes, y padres igualmente débiles, ausentes o castradores. Emocionalmente dependientes por su hambre de amor y sexo, son incapaces de disentir con su esposa, evitan todo conflicto con ella y se resignan al servilismo. En el fondo la temen (o les asustan las mujeres en general), sobre todo cuando la esposa sufre algún trastorno de personalidad. Los calzonazos pueden quedar totalmente anulados por la dictadora.

Cuanto más extrema es la neurosis de ambos, más terrible es obviamente su simbiosis, que puede llegar al maltrato contra el varón. Cuando estas situaciones se politizan e incluso se contagian a la política misma, surge entonces ese penoso espectáculo de los fascismos de género y las masas de hombres incapaces de defenderse...

Cualquier relación entre los sexos sólo es verdaderamente sana, amorosa y ética cuando es capaz de compartir respeto, empatía, cariño y cuidados mutuos. Es decir, cuando sabe cultivar el mutuo crecimiento.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright 2002-2018