La familia contra natura

Una familia sana es como una plataforma de lanzamiento de cohetes. Durante años construye con amor, cría, fortalece, mejora una y otra vez la futura "nave espacial", y toda la familia ansía con impaciencia el día del lanzamiento. Finalmente llega ese día: 5... 4... 3... 2... 1... ¡y ahí va el chico o la chica, elevándose grandiosamente hacia el cielo azul de la Vida, rumbo a la realización de su destino! La nave seguirá en contacto por radio desde lejanos planetas durante toda su vida. Y la plataforma de lanzamiento, cumplida ya su misión, será desmantelada para siempre. Así sucede, al menos, con todas las aves y mamíferos... Pero no, ¡ay!, con los seres humanos.

La familia humana funciona exactamente al revés. Durante años se diseña mal, se golpea, maltrata, sabotea y avería sin cesar la construcción de la nave. Nadie tiene ganas de verla volar y finalmente se lanza a muy poca altura... ¡para que aterrice cuanto antes en la misma plataforma! Es el vuelo más corto y estúpido del mundo. Tras ello, se encadena la nave a la torre de despegue, ambos comienzan a oxidarse juntos para siempre y, para disimular la chapuza, se los adorna periódicamente con lucecitas navideñas de colores.

Toda la Evolución está destinada a proyectar sus criaturas hacia adelante. El mismo Kalhil Gibrán lo expresó con gran belleza: "Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida (...) Tú eres el arco del cual tus hijos, como flechas vivas, son lanzados ".  Pero la familia humana es diferente. La familia humana está concebida en todos los sentidos para eternizarse, para retener, para impedir a las crías todo crecimiento, todo vuelo, toda maduración. La familia humana, a diferencia de todas las demás especies, no existe para nutrir a sus hijos, sino para alimentarse de ellos.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright