Las resistencias

Los seres humanos, cuanto más sufrimos, más nos aferramos al dolor. Es un hecho paradójico y extraño, pero así es. El propio dolor, debilitándonos, nos impide alejarnos de él.  Es como la extenuación del náufrago, cuyo propio agotamiento le impide nadar hasta la orilla para salvarse. O como el bebé aferrado al pecho vacío de una madre muerta, que sigue esperando y esperando y esperando... En otras palabras, el dolor paraliza. En Psicodinámica, a esta parálisis la llamamos resistencias. Debido a ellas, nos oponemos con todas nuestras fuerzas inconscientes a cambiar, a  dejar de sufrir, a alejarnos de nuestras fuentes de dolor. Y la fuente suprema de dolor es, naturalmente, la familia.

Toda la dificultad de la psicoterapia reside, así, en ayudar a la persona a vencer sus resistencias. Es decir, sus infantiles expectativas de que "si espero lo suficiente, quizá un día mi familia me amará". O sus temores de que, si se aleja de sus maltratadores, si se atreve a afrontar sus recuerdos incómodos, si se lanza por fin a la vida, quizá se desintegrará... Pero las cosas no suceden así. Muy al revés, cuando te apartas del fuego -aunque sea muy, muy despacio-, ocurre que... dejas de quemarte.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright