Sentir y pensar

¿Qué sucede realmente? ¿Según pensamos, así sentimos? ¿O según sentimos, así pensamos?

Si crees lo primero, te gustará el mundo de las creencias, los idealismos, los dogmas, la moral, el control, los deberes, la educación, la ley, la culpa, el castigo, las terapias basadas en el pensamiento...

Si crees lo segundo, preferirás el reino del inconsciente, las emociones, los sentimientos, la intuición, la infancia determinante, la neurosis, el amor, la creatividad, las terapias basadas en la liberación interior...

Lo cierto es que la vida humana es ambas cosas: sentimiento y pensamiento. Y las dos son indispensables y profundamente interactivas.

Ahora bien, dicha interacción no es simétrica. Por ejemplo, cuando nuestros problemas son leves, es verdad que nos afectan según lo que pensemos sobre ellos. Pero, cuando son graves, sólo logramos pensarlos en función de nuestros condicionantes emocionales (heridas, motivaciones, personalidad...) (1).

Por eso, a veces, es vana e incluso cruel la pretensión de "cambiar" la visión que alcanzamos a tener en este instante sobre nuestros sufrimientos. Probablemente, sólo conseguiremos fingir, reprimirlos, engañarnos aún más a nosotros mismos... En cambio, a medida que sanamos nuestras heridas emocionales mediante su gradual reconocimiento, expresión y cicatrización, nuestros pensamientos tienden a modificarse espontáneamente.

Y es que, al menos en mi opinión, el Sentir es mucho más antiguo, poderoso y determinante que el Pensar.

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1. Un ejemplo típico son las personas severamente ansiosas o deprimidas. Es evidente que sus "pensamientos inadecuados" no son la causa de sus problemas, sino la consecuencia, la natural expresión y canalización de éstos. 

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright