No forzar

El río que nos lleva
Una de las ideas más transformadoras de mi vida fue la noción taoísta de wu wei. No forzar. Muy parecida a la noción budista del desapego o no aferrarse. ¿Por qué hacerlo? Dado que todo cambia, se mueve, fluye irremediablemente con nosotros, ¿no es inútil oponernos a ello, resistirnos, forzar las cosas en cualquier dirección? Nos guste o no, el río del mundo nos lleva, somos parte de él. Si nos resistimos a la corriente, si nos aferramos a cualquier roca o rama fija, lo más probable es que todo lo que flota a nuestro alrededor se estrelle en nuestras cabezas... Lo mejor es soltarnos. Como aquel borracho de la fábula que cae al río y, precisamente por estar medio inconsciente, no forcejea ni se agarra y gracias ello sobrevive.

La idea de fluir, soltarnos, etc., no es un sueño bonito de autoayuda para consuelo de infelices, sino una obviedad (incluso una fatalidad): si quieres vivir, no tienes más remedio que aflojarte. No simules que eres distinto del agua, ni intentes "controlarla", ni nadar corriente arriba. Es mejor que te rindas. Cuanto antes lo comprendas, antes te salvarás. 

El arte de fluir no es "pasividad", etc., sino espontaneidad. Al no oponer resistencia a lo que surge de nosotros, lo que llega a nosotros, lo que sucede en torno nuestro, etc., sino interactuar flexiblemente con todo ello, lo que realmente hacemos es participar integralmente en las cosas, fluir espontáneamente con ellas, dar y recibir en cada instante lo más genuino y natural de las personas. Esto parece mejor que esa filosofia del "control" permanente sobre nosotros mismos y los demás, esa obsesión por "chapotear" rígida y violentamente en el agua; o al revés, esa resignación de quienes se abandonan al río como leños muertos a la deriva... No. Fluir, no forzar, ser espontáneos, significa sencillamente nadar como peces libres en/con/contra la corriente.

Esto es también fundamental en psicoterapia. Si el terapeuta logra animar a su cliente a respetar sus procesos internos, es decir, no juzgarlos, no reprimirlos, no acelerarlos ni frenarlos, no intentar "cambiarlos", sino sólo observarlos y expresarlos, entonces los milagros llegarán por sí mismos mucho antes. Como la risa o el orgasmo.

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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  Barcelona   •  © Copyright