¿Libertad?

Si observamos un pájaro enjaulado, quizá sintamos tristeza por él. Pero si seguimos observándolo, y sabemos que nació y creció en cautividad, quizá descubramos entonces que la jaula no es tanto una cárcel cuanto un caparazón. ¡Forma parte del propio pájaro! Liberar al animal sería como arrancarle los huesos. Él no siente los barrotes.  Ave y jaula son una misma cosa.

Lo mismo sucede con los seres humanos.  Algunos se jactan de su libertad; otros, la mayoría, se lamentan de sus servidumbres, que achacan sin descanso a todo tipo de verdugos. Pero casi todos sueñan. Casi todos ignoran que la cárcel primordial son ellos mismos. Es su propio castillo de necesidades, hábitos, apegos, miedos, neurosis; es su prisión emocional. Pero su mente lo ignora porque nació ahí. Como el pájaro enjaulado.

Así que la gente sufre y sufre e, ignorando su caparazón, se asoma por la tronera y grita y grita. Sueña evasiones, utopías, venganzas. Pero, a la hora de la verdad, en las raras ocasiones que sus celdas llegan a abrirse, la mayoría de presos se niegan a escapar. Pues, como expresó magistralmente K. Gibran:

"Todas las personas sueñan con la libertad,
pero están enamoradas de sus cadenas"

Cuanto menos consciente es alguien de su propia jaula, más exige libertad. Cuando más gruesos son sus muros de neurosis, más culpables ve por todas partes. Por eso todas las formas de "escape" suelen conducir al mismo calabozo. Pues todo lo que nace del engaño es engaño y sólo genera más engaños. 

Si quieres, entonces, libertad, sepárate de tu caparazón. Despégate de tus huesos. Quítate tu armadura, tus defensas, tus mentiras. En vez de correr, siéntate. En vez de pensar, siente. En vez de hablar, escucha.  Y en ese mismo momento, sin más esfuerzo, serás de verdad un poco más libre.

Conocer el propio mal
es liberarse del mal.
El sabio no tiene mal;
porque lo reconoce, no lo padece.
Tao Te King, 71

 
JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright
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