El síntoma neurótico

El síntoma neurótico (ya sea, p. ej., depresivo, ansioso, fóbico, obsesivo, adictivo...) suele ser el resultado de un choque, un conflicto entre algo que sentimos (p. ej., dolor, deseo, miedo) y ciertas presiones externas (deberes, prohibiciones, culpas). Debido a ello reprimimos lo sentido en nuestro inconsciente y el subproducto de esta guerra interior es el síntoma.

Pero imaginemos que jugamos en una piscina con una pelota de buen tamaño. Intentamos sumergirla, esconderla bajo el agua. No es nada fácil... De hecho, es tan agotador como imposible, pues la pelota regresa una y otra vez a la superficie. Por muy tenaces y forzudos que seamos, nunca conseguimos vencer la resistencia del agua... Más sabio sería aceptarlo y cambiar de juego.

O supongamos que nuestro coche se atasca en la arena. Cuanto más luchamos contra ello apretando el acelerador, más nos hundimos. Digamos que las leyes de la arena son totalmente ajenas a nuestro empeño. Finalmente comprendemos que sólo aceptando esas leyes y obrando con más suavidad e inteligencia (p.ej., poniendo maderos bajo las ruedas, etc.) lograremos salir del socavón.

Pues bien, igual de agotadora y estéril es nuestra lucha contra los síntomas neuróticos. En realidad, solemos perpetuarlos debido precisamente a que no los entendemos. Por eso, todo lo que se reprime, regresa. El único secreto para jugar en la piscina, para salir del atasco, para superar nuestros malestares neuróticos es explorar los factores involucrados en ellos. Y sin forzarlos demasiado y en la medida de lo posible, tomar las medidas adecuadas.

 
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JOSÉ LUIS CANO GIL  •  © Copyright